lunes, 12 de julio de 2010

Filtros para Cafetera Nº 6


Hacía frío; algo así como 3º y yo disfrutaba de mi trabajo desde las 7 de la mañana con la bufanda hasta las orejas a causa de un colefactor que me odia y se niega a funcionar, cuando sin previo aviso mi celular empieza a emitir ese sonido inmundo que profiere cada vez que me llama mi amado esposo. Me acomodé en la silla y procedí a ignorarlo prolijamemente mientras intentaba conseguir que algún compañero heóico cruzara la gélida calle para comprarme guantes de lana.


El bicho tecnológico seguía chillando y chillando y cuando la ira había empezado a teñirme los rulos de verde, se silenció. Entonces llega un mensaje "Esposa, cuando salgas comprá filtros que hace frío y quiero café"..., luego otro "y Patitas de pollo"... y otro "y también hilo dental y pasá por la aseguradora" y el último, "y recordá que a las 16hs me voy, no tardes mucho". Ubiqué con cuidado el celular con los mensajes del amado esposo en el fondo de la cartera, cuidando de que no se caigan los billones de expedientes que me atacaban por todos lados y respiré profundo. Imaginé con gozo el reencuentro luego del trabajo y los mandados, el beso apasionado, el tomarnos las manos y mirarnos a los ojos y en un gesto de amor intenso decirle "pelotudo, tenés un almacén en la esquina y te estas rascando el higo, hacete vos las putas compras", entonces recordé las Sagradas Escrituras de los bienes gananciales y terminé de guardar las cosas en la cartera y me fui al supermercado.


Llegando a Carrefuck noté la inmensa cantidad de clientes que se interponían entre yo y mi felicidad conyugal, en su gran mayoría eran mujeres con cara de esposa, sólo cada tanto salpicadas aquí y allá se veían damas con el pelo impecable y gesto de "sex on the city". Luego de apuñalar mentalmente a la morocha de pechos erguidos que miraba vinos caros a mi lado con su tapado nunca pisoteado por niño alguno, puse mi frente en alto y me dirigí a los filtros de café. Busco el indicado y lo tomo, era el último. Entonces escucho una voz de esposa, de otra esposa "Me das el filtro flaca?", entonces giro sobre mi eje y la miro mientras le digo un "No" claro y conciso. La tipa en cuestión tenía unos cincuenta años y el pelo amarillo (y no hay persona de bien que use el pelo amarillo si no nació así, como todos saben.), una canasta con las compras y un cochecito con un bebé. Entonces la fulana comienza un discurso sobre la solidaridad en las compras y un montón de pelotudeces al tono y mi celular vuelve a sonar: "Apurate nena" dice mi amado esposo. "Perdone Señora, después seguimos pelotudeando, me tengo que ir" le digo a mi compañera ocasional, y huyo hacia el sector congelados. Minutos más tarde siento un golpe en el costado, era la señora que había descargado sus conflictos emocionales propinándome un correctivo en las costillas con su canasto mandadero. Como Dama que soy, la ignoré, hasta que segundos después Plaf! otrs vez, la punta del canasto en medio de la espalda. La miré con odio y seguí en lo mío hasta que una vez más! un golpe seco en la pierna con el vehículo porta-niño. Mi reacción fue la esperada: la atropellé con el changuito y huí antes de que reaccione. Contenta con mi venganza, seguí caminando y sonriendo. La cuestión fue que estaba tan contenta que cuando terminé mi faena, vi la posibilidad de perfeccionar mi yegüitud y no la pude desaprovechar: la Señora en mención estaba en un kiosco cercano y había dejado el cochecito en la vereda y me surgió la idea de reubicarle las prioridades a esta señora tan necesitada de MIS filtros para cafetera... entonces me paré unos instantes fuera del local y al ver que la Señora no me notaba, tomé el coche con el bebé y lo corrí unos metros y me dí a esperar la respuesta de la Doña. No tardó mucho: en un instante el ruido de los autos y los millones de micros que circulaban por calle 7 fueron cantos de ruiseñor en comparación con el quilombo que armó esta Señora al grito de "¡Me robaron mi nieto!", y yo, muy convencida de ser re graciosa, le hice señas para que me viera (a mi y al menor) a pocos pasos de donde ella estaba...

Ese día ambas aprendimos algo: Ella, que no se debe intentar privar de café de filtro a mi amado esposo y yo, que las señoras, por más flacas que sean, por más rubias que se tiñan y por más cara de boludas que tengan, pueden tener una derecha importante capaz de dejarme la cara violeta y teniendo que explicar al mundo el por qué y tratando de demostrar que la internación en un loquero no es necesaria...